La vida en una teta:  

Ayer en uno de esos momentos  en que no hacía nada, nada( porque también se puede vivir sin hacer nada)… Lo digo para que lo escuches… (Y voy que me pierdo en el nada). Me quedé parada en una imagen, y es que, en  ese estado las imágenes  son más sabrosas porque entran directamente al alma.

Una mujer pequeñita y su niño chiquito:

Estaba ella sentada  a la sombra y le tenía pegadito a su barriga, con un gesto suave sacó  uno de sus pechos, voluptuoso,  pura vida, la criatura buscó su alimento y se posó en el pezón,. La carita del niño no la vi,  la de la madre era de pura dulzura, y la mía de golpe era de puro recuerdo…

La vida se me enganchó en la mirada ante esa madre amamantando a la criatura, mi madre y sus hijos, el amor que ella nos metió en  vena dejándonos contemplar esa imagen cada vez que amamantaba a uno de nosotros

Cuánto amor, puro contacto, la necesidad de un ser vivo  cubierta en un gesto tan simple, es simple. El “entrelío”  es una cosa moderna que hemos creado para permanecer un poco más lejos de las emociones (a alguien le debe interesar este tipo de líos).

El mundo reducido a eso tan hermoso que es dar y recibir:

La vida en una teta, en un pecho materno.

Yo ya tengo una edad y estas tesituras  de tenerse que esconder para dar de mamar a un niño  no las entiendo.

¡Tener que defender algo que es un derecho  adquirido, firmado y rubricado al unirse espermatozoide y óvulo!

Debe ser que soy torpe …y sin embargo, la mujer chiquita y su niño pequeño se me quedaron en la mirada.

Como siempre, la esencia de la vida en unos brazos de mujer, grande y hermoso, tanto, que está mañana no me cabe en el cuerpo y tenía la necesidad de compartirlo.

Robar a nuestros hijos la contemplación de esa imagen me parece aberrante, que los pollos no nacen en las bolsas del súper! Que ver la vida y dejarse impregnar por el río de emociones que supone una vivencia de esta magnitud  es hacerles partícipes  de un aprendizaje  que entra por las venas, directo al corazón y, ese tipo de aprendizajes son para siempre. Nada, nadie, se los quitará, nunca.

¡Ay los seres “humanos”! Cómo nos liamos con nuestras sexualidades mal dirigidas/digeridas…

[Total:7    Promedio:4.6/5]