Hoy se llama Bullying…

Cuando una nace siendo “rarita”, discapacitada para más señas, “sostener” las miradas de otros se hace una montaña, y más si eres una niña chiquita, buscar tu lugar entre “los normales” resulta un caminito angosto, y hoy se llama resiliencia. Cuántas palabras nuevas para algo tan viejo, la dificultad de pertenecer, la necesidad de Ser…

Cuando miro hacia atrás y me veo dirigiendo el cotarro, con el chico más grande de mi curso haciéndome de guardaespaldas y yo de “al Capone”, sonrío, busco los recuerdos de cómo me coloqué en aquel lugar (yo era la que mandaba, la que indicaba a qué se jugaba, “La madre” no sé cómo lo hice). Si recuerdo la sensación de cariño, de respeto para incluir a todos. Di lo  que yo necesitaba, claaaro. Recuerdo las manos de mi guardaespaldas extendidas para ayudarme a bajar los dos pisos que había en el cole, ¿dónde estará este niño-hombre tan chico?. Y también recuerdo a mi hermana pequeña protegiéndome para que nadie se burlarse de mí. Ella sí mostraba su enfado y sacaba sus puntapiés ante la injusticia. Hoy pienso en ella y siento que la quiero con el alma y que jamás le podré devolver tanto amor como ella demostró por mí…

A veces, siempre, educar en el respeto a lo diferente es uno de los mejores valores que podemos dar a nuestros hijos y el mejor lugar para aprender eso es en casa.

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